LOS PRIMEROS
ARRIEROS DE CACAS
En
el Imperio Inca no existían los arrieros como comerciantes independientes, ya
que la economía no utilizaba monedas ni mercados abiertos. En su lugar, el
transporte recaía en el Estado y las comunidades mediante la red de llamas. Los
encargados estatales de dirigir estas caravanas eran los Llama-kamayuq.
La
logística del transporte en el incanato funcionaba con el papel que cumplían los
Llama-kamayuq que eran funcionarios estatales especializados en la cría,
cuidado y conducción de las caravanas de llamas. Eran los verdaderos «arrieros»
del Estado, encargados de llevar provisiones, textiles y metales a lo largo del
imperio.
Las
comunidades locales prestaban su fuerza de trabajo por el Sistema de la Minka para
movilizar los bienes comunales o estatales de un punto a otro utilizando el
sistema de reciprocidad y trabajo obligatorio. Estos hombres utilizaban su
espaldas para el transporte.
Las
caravanas de llamas se movilizaban por el Qhapaq Ñan (Red Vial Inca) por los
miles de kilómetros de caminos empedrados, puentes y escalinatas.
De otro lado, los Tambos eran los centros de
abastecimiento ubicados a lo largo de los caminos. Los funcionarios y las
recuas de llamas se detenían en estos lugares para descansar, alimentarse y
reabastecerse.
Los
primeros arrieros de Cacas en la época precolombina fueron aquellos personajes
que explotaban el Cachipuquio. Con la estatización de la salinera hecha por
Yupanqui, ya podrían haberse hecho presente los Llama-kamayuq, este personaje
subsistió hasta la caída del Tahuantinsuyo. La figura del arriero tradicional con mulas (y
el comercio de recuas) surgió posteriormente, durante el Virreinato, adaptando
las antiguas rutas incaicas. Es ahí, al comenzar la composición de tierras por
parte de encomenderos nació una reorganización en el arrieraje.
Fueron
los propietarios de estancias quienes fueron los primeros arrieros de Cajas, ya
que ellos contaban con pastos tanto para auquénidos y cuadrúpedos. A la vez,
fueron los que comercializaban la carne de sus vacunos, ya sea a trueque o
venta. Estos arrieros pastores fueron los principales personajes de las
comunidad, que por su actividad diaria trajinaban sobre los caminos antiguos, por
su experiencia en el tránsito continuo entre diversas localidades y regiones pudieron
detallar no solo el trazo de los caminos prehispánicos, sino también las
particularidades históricas de estos. Y en este nuevo contexto los arrieros y
viajeros van a jugar un papel muy importante. Según Urrutia (1982, 75-76) los
arrieros son por lo general transportistas de mercancías, contratados
por comerciantes de diferentes regiones; los viajeros arrieros son
personas que, invirtiendo su propio capital, recorren diferentes provincias
vendiendo productos a fin de obtener una ganancia. Nos parece más acertado este
segundo término.
Estos arrieros viajeros ganaderos, introducían
sus mercaderías a diferentes zonas aledañas de Cacas.
De
cierto, hay ciencias auxiliares y fuentes en que se nutre la historia, los
testimonios constituyen las fuentes orales y le siguen a la escritura en
importancia, sin embargo, es necesario repetir que no bastan estas últimas como
únicas fuentes para escribir la historia, ellas en muchas oportunidades sirven
de guía para la búsqueda de los documentos imprescindibles. Otras fuentes en
que se nutre la historia la constituyen las tradiciones de los pueblos, las que
heredadas de generación en generación constituyen un gran aporte a la
investigación histórica.
En
tal sentido, al carecer de una fuente escrita, solo nos serviremos de testimonios
orales: entrevistas estructuradas o en profundidad, individual o colectiva, las
historias de vida, los testimonios y las charlas de familiares de protagonistas
directos. Desde esta perspectiva, cogeremos lo que reflexiona (Le Goff, 1991:
107) y nos resalta que: En la actualidad, la reflexión de las fuentes se
aplica incluso a la ausencia de los documentos, a los silencios de la historia.
De tal modo, se elaboró un inventario de los archivos del silencio, y hacer la
historia de los primeros arrieros de Cacas, a partir de los documentos y de las
ausencias de estos documentos.
No
es casual esto, muchos pueblos y eventos reconstruyeron su historia en base a
fuentes orales. Interesados en preservar la memoria colectiva y también en
descubrir versiones alternativas de la historia, cogimos esta clase de fuentes
para el desarrollo del trabajo.
Los
circuitos comerciales de finales de la colonia y de los primeros años de la
república no se pueden entender sin las comunidades indígenas, los propietarios
de estancias y las ferias que se organizaban en los pueblos aledaños y, por
supuesto, sin los arrieros y viajeros de la zona, en especial, nuestro caso,
que se hicieron tan legendarios, ya denotaba una actividad económica. El
período colonial —aproximadamente de 1770 en adelante— fue un largo período de
acumulación, en donde utilizaron tanto elementos hispánicos como andinos,
siendo los arrieros los que hicieron posible esta articulación. Muchos de los
productos elaborados en Cacas obtenían salida a otras regiones o al exterior
gracias al trabajo de los arrieros: la vinculación que se tuvo con las zonas
aledañas como Carhuamayo, Ninacaca y adentrándose hasta Cerro de Pasco, estos
arrieros pastores introducían carne de ovinos, de llama, la sal de Cachipuquio,
papa, mashua, oca, tejidos burdos como la bayeta en paño, etc.
Los
arrieros-viajeros de Cacas supieron acomodarse al cambio de los tiempos. Con la
independencia se va a iniciar una crisis económica que golpeó fuertemente a la
región por la batalla de Chacamarca, más aún el incendio de pueblo de Reyes
ordenada por los realistas el 12 de mayo de 1821 trajo un estancamiento
comercial, zozobra y pavor para tomar rutas comerciales. En ese escenario, los
arrieros redireccionaron sus actividades, lo que, a su vez, generó una
dependencia con sus vecinos del sur para adentrarse con más fuerza sobre Picoy,
Tapo, Tarma, Huasahuasi, Huaricolca y Palca.
En
ese sentido, luego de una década del episodio de Chacamarca, se reanudaron los
comercios con los vecinos del norte y del sur. Los arrieros llameros de Cacas
nuevamente se posicionaron a la par de los arrieros de los pueblos vecinos.
Circunstancialmente se tropezaban entre ellos y comenzaban entre plática y
plática a degustar los licores que eran de la carga. Además, nada hace
presagiar que fue en estos tiempos la que se encuentran y comienzan a
interactuar o relacionarse con sus pares arrieros de Francisco de Paula Otero,
en los circuitos de Cerro de Pasco – Tarma. No hay ningún manifiesto oral de
este acercamiento, pero nos parece acertado el tener que desmenuzar el uso de
la huampar o wampar y desde allí aceptar dicho encuentro.
La palabra «guampar» es utilizada en toda
américa del sur, especialmente donde la arriería tenía actividades de flete en
arrieraje. El arriero era quien lo utilizaba. Esta podemos encontrar en
manuales chilenas, paraguayas, argentinas y uruguayas nombrando a la guampa,
que es la cornamenta, el cacho, la asta o el cuerno del toro con los que se
hacía utensilios tipo una botella para llevar alcohol o agua durante el viaje
de arriería, al que se cierra el extremo mayor con una tapa de madera, quedando
el lado opuesto de menor diámetro como la boca, que servirá para llevárselo a
los labios al momento de beber. En los países donde se utiliza lo llaman o
escriben guampar, wampar o huampar.
La hipótesis sobre de cómo podría haberse
filtrado la interjección «Huap, huap, huap, huap…pue», palabras que no
son propias ni impropias, sino algo original en el historial de los arrieros de
Cajas, es que fueron los arrieros gauchos quienes
introdujeron la guampa a los territorios del Perú colonial, los tucumanos, San
Juan, La Rioja, Catamarca, Jujuy y Salta. También debemos señalar
que el gaucho colonial no pronunciaba la palabra pues, simplemente
profería decir: pue. En la actualidad, en la sierra central suele
decirse: claro pe, pásame pe, si pe, ya pe, vamos pe, etc. En lugar de decir:
claro pues, pásame pues, si pues, vamos pues. Pues, se usa como
afirmación, puede actuar como adverbio o como conjunción o determinando un
verbo a otro adverbio. Y si es conjunción se utiliza uniendo palabras y
oraciones.
En final, su etimología, su origen y el
cambio estructural de la interjección «huap» estaría en la palabra «huampar»
que el arriero de Cacas la hizo suya suprimiendo las consonantes /m/ y /r/ y la
vocal /a/.
En un trabajo personal de investigación
histórica que está en desarrollo, se está tratado con más amplitud, con enfoque
cualitativo, documental y comparativo, sobre todo utilizando el método
histórico el origen de la interjección «Huap, huap, huap, huap…pue». Esperamos que
la publicación de la obra se materialice para el primer trimestre del año 2027.
La Guerra
del Pacífico si bien tuvo episodios de menor duración, no se debe olvidar las
atrocidades y abusos que cometieron los realistas en las estancias alrededor de
Parpacocha, Patara, Cormacocha, la hoy Contadera e incluso adentrándose hasta
los parajes de Jatunchaca, llevándose a plena luz del día ovinos y auquénidos
que les servía a su manada de recuas para hacer sus trueques o transacciones
comerciales. Terminada el acontecimiento con la firma del Tratado de Ancón en
1875, el Perú tiende a establecer una calma y paz casi figurativo. Para esos
tiempos en adelante ya se pueden hablar de arrieros llameros de Cacas con datos
personales pero, si bosquejamos un árbol genealógico mucho más preciso desde
los mismos conflictos en las estancia de alrededor de Parpacocha entre 1695 a
1850 aproximados, conseguiremos mucho más amplio el cartel de arrieros llameros
que ya surcaban los espacios territoriales de la provincia de Cerro de Pasco,
Junín y Tarma, no era grande la ruta, pero serán los hijos y nietos de estos mismos
arrieros quienes serán los protagonistas del arrieraje Sampedrano, tal como
sustentamos en un trabajo anterior.
Uno
de los espacios fundamentales para la realización del intercambio comercial lo
constituyeron las ferias, ligadas en su gran mayoría con festividades
religiosas y fiestas patronales; las fechas ya se encontraban establecidas, y
ellas marcaban la realización de los diferentes viajes que los arrieros y
viajeros efectuaban a los lugares señalados.
Dado
este escenario, era don Juán Amaro Román (padre de Pedro Amaro León y Pepe
Amaro), desde la estancia de Huacracocha llevaba cargas de carne de ovino hacia
Cerro de Pasco internándose hasta Huariaca con sus piaras de llama, montado su
caballo, en compañía de los otros estancieros arrieros como don Bernardo
Gamarra Oscanoa (padre de Julio y Aparicio Gamarra Espinoza) desde su estancia
en Patahuay, don Pablo Páucar Montes (padre de Humberto, Rodolfo y Santiago
Paucar Amaro), Rafael Amaro (padre de Víctor Hugo y Albino Amaro León) entre
otros se internaban en busca de pan llevar, truequear o comprar en las ferias
que ya habían, para esas épocas, surgido luego de un decrecido momento de
convulsión en el país.
Un
aspecto que resaltar es la coincidencia que tuvieron estos arrieros, que por su
actividad generaron la integración de ganaderos con un solo fin. Además de esto,
también introdujeron en la población de Cacas un nuevo enfoque de actividad. Si
los panes de sal de Cachipuquio estaban presente en los primeros trueques de
persona a persona, estos personajes calaron también para que los restos de sus
coterráneos de sumergieran a las ferias de las ciudades y exponer un sinnúmero
de productos elaborados en Cacas. Con esto, se supo las unidades productivas
locales que eran ajenas a la comunidad, y sirvió como brazo vinculante de
comunicación entre sus diferentes elementos.
Junto
a los primeros arrieros arriba mencionados, también se tiene que resaltar al
arriero Julio Palomino Barreto (padre de Jacinto, Germán, Alejandro y Pablo
Palomino Gamarra), quien desde la estancia de Illamachay, con su hijo Gregorio
escalaban hacia la selva alta de Llaupi, límites entre los distritos de
Chontabamba (provincia de Oxapampa) y Paucartambo (provincia de Pasco), desde
ahí, transportaban diversas frutas hacia Cacas llegando hasta Palcamayo, Picoy
y aledaños.
También
debemos aludir a los arriero como Aurelio Cárdenas (padre de Eucaro y Asterio
Cárdenas Espinoza), que compartían rutas con Juan Amaro Román o en su caso con
Julio Palomino Barreto.
A la
par que entra en operación el tren de carga y pasajeros Callao, La Oroya, Cerro de
Pasco, hay una pronunciación manifiesto de los hijos de estos arrieros arriba
nombrados y se agrupan también con propietarios que contaban con recuas y
estancias. Es el caso de Custodio Espinoza Paúcar (padre de Francisco, Julio y
Pedro Espinoza Gamarra), del fundo de Huacrash, Glicerio Gamarra Oscanoa con
fundo en Quinash, Toribio Huaynate, Bonifacio Oscanoa, Edilberto Espinoza
Paúcar, Eleodoro León, Teófilo Yurivilca León, Justo León, etc., quienes
realizarían los primeros viajes de tramos mucho más largos.
Este grupo fusionado es la que más caravana
de arrieros atrajo. Siempre la expedición estaba provista de una decena de
arrieros fuertemente armados para hacer frente a cualquier ataque por parte de
los pishtacos y grupo de ladrones que atacaban caravanas enteras llevándose
mercancías y recuas completas. No siempre los viajes eran de solaz excursión,
se tenía que sortear entre la vida y la muerte, era causa primera de un arriero
encomendarse a San Antonio de Padua. Así mismo, evocar que, fue en uno de estos
viajes que pierde la pierna el arriero Juan Amaro Román entre los poblados de Conchamarca
y Tomay Kichua en Huánuco. Otro de los casos, el hijo de don Custodio Espinoza,
quién pierde la vida en un tiroteo con bandoleros regresando a Cacas
conduciendo sus recuas y mercancías. En estos tiempos aciagos, seguramente se
encontrarían los primeros arrieros con sus pares regionales para contar —entre
ellos— de sus andanzas y aventuras, sean buenas o malas.
En
estos trances infelices e infaustos es cuando comienza un nuevo enfoque
espiritual y júbilo para el arriero sampedrano. El ser humano en su función
psicológico y evolutivo es un ser social creyente en lo existencial. Para el
arriero está presente su recua de llamas, caballos, mulas, asnos y su función
de ser: ganadero; en tal razón, es San Antonio de Padua su fiel protector. Este
fraile itinerante, por su legado y las rutas misioneras que recorrió a pie por
el sur de Europa, se convirtió en el patrono de los viajeros a caballo. En el
Perú, su figura es vital para los gremios de arrieros de cuadrúpedos, asnería y
llamas quienes le encomiendan la protección de sus animales, su mercancía y sus
largas travesías andinas. El arriero sampedrano las hizo suyas y marcó
festividades en su honor.
La
década de 1920, la arriería se puso confusa, arriesgada y azarosa hacia el
norte y hacia el sur, los de Palcamayo no reconocían el tránsito libre, y esto
a la vez, alargó hacia otras rutas aledañas. Luego que Cacas fue elevado a distrito
en 1932 hacia adelante, los arrieros cajeños ya tuvieron que hacer circuitos
muchos más prolongados, y el solo hecho de ser habitantes de un distrito los
puso más manifiestos y sólidos, transformado ideas y pensamientos consolidaron
su sociedad. Fueron estos arrieros, con llamas, mulas y caballos las que en un
momento el profesor Estrella los llamó «arrieros recolectores
de tejidos» (Estrella O. Teófilo. 1997: 67), quienes acopiaban tejidos de toda
clase del pueblo como mantas, ponchos, frazadas, ropas confeccionadas de bayeta y cordellates,
llicllas, medias y gorros tejidos con lana de oveja, además transportaban
charqui, chuño, maca y la sal tipo pan para luego
truequearlas o venderlas en los circuitos de Huayllay, Huarón,
Cajatambo, Lachaqui, Canta, Huaura y Obrajillo, y en otras ocasiones
adentrándose a Lima. También eran como una especie moderna de gestor de
clientes, recolectaban pedidos de las tiendas comerciales de Cacas y a la
vuelta les entregaban las mercancías. Fueron estos arrieros las que se ganaron
el aprecio del pueblo por su labor humanitaria y social. Cuentan que eran
rechazados por los del distrito de Palcamayo, como dijimos, en un principio
hacían gala que los de un anexo no podían más que uno de distrito, cuando Cacas
sube de ascenso político, cesaron las antipatías y las hostilidades hacia el
sampedrano, claro que hubo discusiones breves, pero luego los comerciantes
palcamaínos recibían sus pedidos. Estos arrieros a su regreso no solo
transportaban mercancías, al retorno se convertían en troperos; pues, compraban
manadas de pollinos, caballos, asnos, mulas para venderlos en labores agrícolas
ya sea en el mismo Cacas o Palcamayo, Huasahuasi, Acobamba, Tapo y Picoy,
beneficiándose de este modo en doble partida.
Son a estos arrieros que los cajeños
guardan gratos recuerdos que son recreadas en sus Fiestas Patronales. Espinoza
describe: “[…] todas estas
actividades son remembranzas, de la vividas de los antiguos y valientes
viajeros sampedranos, que, desafiando mil penurias, soportando la sed, el
cansancio, la intemperie, caminos escarpados por donde tienen que atravesar
tanto la cordillera andina como los valles abrigados de la selva y la costa,
transitando en corceles o a pie por ganarse el pan de cada día” (Espinoza
Vilchez, D. 1990: 189).
La
historiadora Irene Estrella Oscanoa, narraba que los hijos de los arrieros
estancieros tuvieron su propia danza que nació supeditada a
la ideología cristiana y, como tal, sirvió para amalgamar y
unificar las proezas de sus padres. Esa danza fue la representación de los
viajes que emprendieron sus progenitores. Estos arrieros, como actores sociales
individuales y colectivos quisieron ritualizar quizá el pasado mediante un
imaginario materializado en lenguaje corporal, roles, cantos, diálogos, no
sabemos, quizá, sus penas y sus alegrías.
Los actores siguieron existiendo hasta la
finalización de los 40, algunos seguían manteniendo la fe viva del arrieraje y
fueron protagonistas en la época de decadencia, más la danza —como decía
Estrella—, tuvo un triste final, un ocaso de lirios negros, que ninguno sopesó
en su existencia, pero según ella, tenía una armonía cadenciosa, un ritmo
alegre y corrido semejante a una huayno rápido, con melodía de momentos joviales
y animados y en otro, afligidos y melancólicos.
Existe
un vacío historial con respecto a la década del cincuenta adelante, incluso las
informaciones orales son tergiversadas de uno a otro ciudadano al momento de
obtener informaciones, lo que pone en duda la veracidad de la investigación. A
la fecha, se ignora dónde o en qué manos fueron a parar documentos como libros
fundacionales o de actas, permisos de viajes legales y oficiales que concedían
las subprefecturas, libros de anotaciones de viajes o misceláneas, en fin, lo
que reglamentaba las intendencias provinciales para la arriería y presentarlas
en las aduanas de los circuitos de Cerro de Pasco, Tarma o Huánuco. Igualmente
se sabe que los arrieros cajeños estuvieron agremiados, por ello, inferimos que
los libros mencionados existían. Indudablemente, por no decir ciertamente, este
bagaje de dosieres o expedientes se encuentran en las manos de familiares de
los antaño arrieros descritos arriba, básicamente, los de la última Junta
Directiva entre los años de 1950 a 1955. Nos gustaría que concedieran, si no es
a la comunidad, a la municipalidad, a falta de un museo y su curador
pertinente. Son documentos valiosos que una vez paleografiadas sus hojas,
quizá, cambie el curso de la historia del arrieraje sampedrano.
Del
60 hacia arriba es ya historia conocida. La Sociedad de Arrieros, como se le
conoce, aglutinó a personas que poseían caballos, mulas, ex mayordomos de San
Antonio de Padua, invitados y un conglomerado de personas que tenían vocación
por la arriería. Son estos personajes que hoy, recrean en las fiestas patronales
de San Pedro de Cajas a los otrora añejos arrieros llameros que con sus recuas
de auquénidos, mulas y caballos se internaban a circuitos diversos como Huánuco,
Chanchamayo y la costa.
La
danza de la Sociedad de Arrieros de hoy es auténtica, nato, brotado y aferrados
quizá a los antiguos pasos de los arrieros cajeños de otros tiempos, sobre el
caso, Espinoza, describe: “[…] mientras tanto, los arrieros bailan
simulando el cargado con lacillos, reatas, rastreo de acémilas perdidas, etc.,
al compás de las huapiadas: huap, huap, huap, huap donde está la mula pue
[…] con un vestido característico de la puna como sombrero de paja, saco
sport color azul de cordellate, pantalón de montar color blanco, botas negra,
chal de vicuña y su huampar de cuerno enchapado de plata, donde lleva
aguardiente de caña o pisco puro para brindar con sus amistades […] el
baile de los arrieros no es otra cosa que el movimiento realizado en el manejo
de las acémilas, cuidadosamente aplicado al baile, como el cargado, el
ajustado, de las reatas al asegurar la carga sobre los aparejos de las mulas,
rastreado de las bestias perdidas del «jato» al descansar en la noche, señalar
las pisadas con el bastón de tal o cual mula o caballo. Sin embargo, tiene
música propia para cada uno de los movimientos en el baile, y casi siempre toca
una sola persona la tinya y el pincullo. Antiguamente la música debe haber sido
el compañero inseparable del arriero […] (Espinoza, Domingo. 1990: 200).
Finalmente, con la red caminera y la consecuente creación de un parque automotor la actividad del arrieraje entró en su definitivo eclipse, proceso que se operó entrado el siglo XX. En Cajas, aún en la década de los sesenta y setenta podía apreciarse recuas de llamas, caballos y mulas haciendo troperías en la época de cosecha de papa. En la actualidad, es nula la actividad del arrieraje, no solo en Cajas, esto se aprecias a nivel nacional donde el arrieraje jugó las historias más recónditas de los pueblos.
Arrieros hay en todo el país, cada uno poseen un rico historial que hablan de triunfos, de hazañas, de conquistas y victorias, pero también de nostalgias, pesares y abatimientos, porque el ser arriero se jugaba la vida, nada era fácil, nada era asequible o sencillo, estos adjetivos estaban en la cruz del arriero. La misma historia se suele escuchar de los arrieros, en el Perú.
A MODO
DE CONCLUSIÓN
El presente es un balance inicial, muy
sucinto, de los trabajos realizados con respecto a arrieros, comerciantes y
viajeros de San Pedro de Cajas. La investigación, cuya primera parte se
presenta aquí, busca averiguar cuál ha sido la situación de los arrieros
durante la colonia y parte de la república. Así, en la década de 1960 —a partir
de la presidencia de Pedro Amaro León— se dará un nuevo impulso que terminará
en buena medida, como dijimos arriba, la inclusión de nuevos personajes que reproducirán
y reconstruirán el legado de los antaño arrieros y viajeros cajeños.
BIBLIOGRAFIA
ESPINOZA V. Domingo
1990. Monografía de
San Pedro de Cajas. Talleres de la Oficina Técnica de Impresión
Mimeográfica OTIM. Real 716 – II. El Tambo – Huancayo.
LE GOFF, Jacques.
Pensar la historia. Barcelona, Paidós, 1991
URRUTIA, Jaime
1982. Comerciantes,
arrieros y viajeros huamanguinos: 1770-1870. Ayacucho, Tesis de la
Universidad Nacional de Huamanga.